La gente de Palmira sabía que Medardo andaba por ahí por el olor. A cincuenta metros a la redonda, el aire era contaminado por un aroma tan pavoroso que hasta las moscas salían en desbandada.El único que se atrevía a bañarlo era uno de sus sobrinos que, después de enfrentarse con él, lo convencía de que entre menor resistencia pusiera, menos doloroso sería.
Completa en Utópicos
Cortesía de Tatiana Parra, de la Santiago, sobrina del protagonista.


1 comentarios:
Chale que feo rollo.
Publicar un comentario en la entrada